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Jurado a la Sombra 2012

Francisco Arévalo Martín

Francisco Arévalo Martín

Salvador Pacheco Rodríguez

Salvador Pacheco Rodríguez

Vicente Casaña Tejedor

Vicente Casaña Tejedor

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Jurado a la Sombra al rescate

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“Lo mejor de esta experiencia es que, a pesar de ser el ‘Jurado a la Sombra’, hay gente que sabe que estamos ahí, que existimos y que nos valora. Eso es más importante que el hecho de ser Jurado”. Francisco, tras seis años en prisión, exterioriza esta reflexión y añade: “En muchas ciudades la gente no se da cuenta de que la cárcel está ahí, construyen las prisiones alejadas del centro porque creen que es mejor sacarnos de la sociedad”.

Pero el Certamen Internacional de Cortos de Soria ha vuelto a rescatar al Jurado de las sombras. En esta edición, además, el resto de los internos del centro penitenciario han tenido la ocasión de visionar, día a día, todas las sesiones de Cortos a concurso. En total, 62 películas que aportan un soplo de aire fresco a la rutina de la prisión. “Nos permiten evadirnos”, concreta Francisco. “Aunque nosotros no hayamos podido salir al Palacio de la Audiencia a ver las sesiones (como el ‘Jurado a la Sombra’ hizo en la pasada edición), lo bueno es que nuestros compañeros han tenido la oportunidad de disfrutarlos aquí; si los muchachos pasan dos horas viendo cortos, son dos horas que les quitas de cárcel”.

El sábado 24 de noviembre, los miembros del ‘Jurado a la Sombra’ sí podrán atravesar las puertas de la prisión. Subirán al escenario de La Audiencia a entregar los dos premios que han fallado: Mejor Corto Nacional y Mejor Corto Internacional. Son tres: Francisco, Vicente y Salvador. Se conocen desde hace tiempo y entre ellos hay “buena sintonía”, por lo que esperan coincidir a la hora de otorgar los galardones.

Desde el principio, sus comentarios denotan sinergia. “El que estaba muy bien era XXXXX (¡no podemos desvelar sus preferencias un día antes de conocer el palmarés!)”, comentaba uno. Y enseguida era apoyado por los otros dos compañeros.

Con algunos cortos se han sentido especialmente identificados. “Hay uno que está relacionado con el delito que cometí”, matiza uno de ellos. En cada sesión van tomando apuntes. “Yo les pongo nota”, señala Vicente, mientras escribe la palabra ‘patata’ junto a un título. “Eso significa que me ha aburrido mucho”, explica. Todos echan de menos “un poco de comedia”. “Queremos más risas pero sabemos que el país está como está y que lo que vemos refleja la realidad de la vida”, destaca Salvador.

Una vida exterior que para ellos es casi un misterio después de muchos años encerrados (15 en el caso de Vicente, 26 en el caso de Salvador y seis en el de Francisco). Se acerca el momento de salir (todos están en la fase final de la condena) y afloran los miedos. “Son meses de psicosis total”, apunta Francisco, “porque uno teme lo que pueda encontrarse fuera, sabemos que las cosas están muy mal y uno no quiere hacer ninguna tontería pero al mismo tiempo hay que dar de comer a los hijos”. Para Salvador, “éste último año ha sido el más duro de mi vida. Cuando sabes que te quedan unos meses el subconsciente no te deja tranquilo”.

“Yo estoy que no duermo por las noches”, añade Vicente. “Ver todos estos cortos me está ayudando porque estoy más entretenido y los días no se me hacen tan largos”. Y Francisco apunta: “Yo empecé a darme cuenta de lo que había hecho después de un año encerrado. Es entonces cuando te preguntas: ¿pero qué he hecho? Y es muy duro”.

Tanto como “estar todos estos años lejos de la familia”, explica Vicente. “Dejé a mi hija con diez meses y ahora tiene 15 años, me he perdido toda su infancia”. Para su compañero Salvador, lo peor fue la muerte de su madre “y no poder ir a su entierro”.

Francisco, además, destaca otro ‘dolor’: “Lo peor de estar aquí dentro es acostumbrarte”, sentencia muy serio. “Porque al final el hombre es animal de costumbres y aquí también se crea una rutina”.

El ‘Jurado a la Sombra’ de esta decimocuarta edición confía en que la iniciativa siga adelante en años próximos, “aunque nosotros ya no estemos aquí”, se apresura a señalar Francisco, quien añade: “Aquí dentro hay personas que valen mucho”.

“La gente tiene una idea de nosotros que no se corresponde con la realidad. Vale, hemos cometido un delito pero estamos pagando por ello, por eso estamos aquí”, explica Salvador.

Y uno de los puntos más positivos del Certamen, además de propiciar la ruptura de prejuicios, es el contacto con todas aquellas personas (voluntarios, cineastas, comité de selección…) que han ido pasando a lo largo de estos días por la biblioteca de la prisión provincial de Soria, donde se han proyectado todos los trabajos seleccionados.

Vicente: “Ya había sido Jurado en un festival de cortos en Valencia. Me gusta mucho el cine y aunque esto me supone perder horas de trabajo (talleres), estoy muy contento.”

Salvador: “Decidí participar para ver cómo funciona. Sé que es una experiencia única y que, probablemente, ni dentro ni fuera tenga la oportunidad de repetirla. Además, nos ayuda a evadirnos”.

Francisco: “Me gusta el cine aunque no entiendo mucho. La iniciativa me llamó mucho la atención porque es algo que nos llega de fuera y nos mantiene en contacto con el exterior”.