Entrevista con Magdalena Lasala
Magdalena Lasala “La ciudad de Soria representa en sí misma el amor al patrimonio y en la preservación de la memoria emocional de su historia”
Zaragoza, 1958. Escritora. Premio de Las Letras Aragonesas 2014. Académica correspondiente de la Real y Noble Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza. Miembro de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. Autora de una extensa producción literaria que abarca todos los géneros, premiada con el reconocimiento de los lectores y la crítica. Ha dedicado treinta y cinco años a la investigación en torno a la historia y los significados del Patio De La Infanta, sobre el que ha publicado numerosos artículos, ensayos, conferencias, varias novelas históricas con gran éxito de lectores, y el reciente libro EL PATIO DE LA INFANTA. UMBRAL DEL TIEMPO INFINITO, publicado por la Fundación Ibercaja con motivo de su 150 Aniversario.
En la película-documental EL PATIO DE LA INFANTA. HABITAR EL TIEMPO, Magdalena Lasala recupera su faceta de actriz además de ejercer como directora de contenidos históricos y asesora literaria.
–¿Cómo nace la idea de recuperar la historia del Patio de la Infanta a través de este documental?
Nace por destino, había que hacerlo, y gracias a la pasión que es capaz de inspirar en el alma el descubrimiento del propio Patio de la Infanta, que mueve el deseo de indagar en su misterio y el secreto de que haya perdurado hasta hoy.
–¿Qué os llevó a contar su historia y qué queríais transmitir al espectador?
La necesidad de compartir con el mundo la belleza de un lugar único que es emblema de cinco siglos de historia de una ciudad, Zaragoza. Queremos transmitir al espectador la experiencia emocional que es adentrarse en el Patio de la Infanta y dejarse llevar por los secretos de su belleza.
Se plantea la visión del Patio de la Infanta como símbolo y emblema de permanencia en el tiempo y determinación de futuro, y quiere reflejar la historia zaragozana de cinco siglos en un ensamblaje de memoria recuperada, voluntad de supervivencia e inmortalidad. Como símbolo, el Patio de la Infanta es fuerza, inspiración, empeño y valentía.
–¿Cuáles fueron los episodios más sorprendentes que descubristeis durante la investigación?
La clave primordial que trasciende de este lugar, y que es la herencia que late en él de las mujeres sobre todo que lo vivieron a lo largo de los siglos. El Patio de la Infanta es memoria recuperada a través del alma de las mujeres que lo habitaron y es memoria transmitida a través de una cadena femenina de visiones y experiencias que llega hasta el presente, enlazando historia, sentidos y certeza de eternidad.
–Como documentalista, ¿cómo fue el proceso de búsqueda y selección de materiales?
Como escritora, llevo 30 años investigando alrededor del Patio de la Infanta, su historia, sus símbolos e imágenes y sobre todo las personas que lo habitaron a lo largo de sus más de cuatro siglos de historia. He publicado varias novelas históricas en torno a este lugar, las varias generaciones de mujeres que fueron determinantes en su historia y las transformaciones de la ciudad que lo construyó, lo vio partir y luego lo recuperó milagrosamente.
–¿Qué fuentes, archivos, fotografías o testimonios fueron fundamentales para reconstruir su historia?
En este película se vuelca la síntesis de los aspectos esenciales de mi investigación novelística para construir un relato único que une la historia del Patio de la Infanta con el descubrimiento íntimo de una protagonista que simboliza el alma femenina del Patio y el deseo por desvelar los misterios que guarda. Todo el material consultado, estudiado y descubierto en mi investigación lo detallo en la bibliografía que aporto en mis novelas y los estudios ensayísticos publicados a lo largo de estos años, y en la película se produce la concentración de la esencia del mensaje emocional buscado para poder comprender la totalidad de lo hallado.
–El título habla de «habitar el tiempo». ¿Qué significado tiene esta expresión y qué relación establece el documental entre patrimonio, memoria e identidad?
El tiempo como una unidad con el espacio, lo que permite reunir ambos conceptos y trascenderlos hasta conseguir que desaparezcan como tales, pues el Patio de la Infanta aparece así como una entidad nueva y completa que despierta los sentidos del espectador para alcanzar otros niveles de percepción.
El patrimonio trasciende lo material, la memoria es construcción de eternidad y la identidad es el reconocimiento que el espectador hace de sí mismo al comprender el Patio de la Infanta como un espejo de lo que guarda su alma. Hay algo sagrado en la memoria de los lugares que perduran, porque la herencia de lo que hubo antes respira a través de lo que se crea después en ese mismo lugar.
–¿Hubo algún descubrimiento durante la investigación que cambiara vuestra visión del Patio de la Infanta o que os sorprendiera especialmente?
La sensación de estar acompañados en diversos momentos del rodaje por presencias que persisten en ese lugar se hizo palpable, y por momentos sentíamos que respiraban y nos hablaban. Lejos de inquietarnos, teníamos que abrir nuestra mente para recibir su presencia como algo beneficioso y protector.
–¿Qué aporta el documental a quienes no conocen el Patio de la Infanta y por qué es importante acercar este tipo de historias patrimoniales al público actual?
El impacto que causa en el ánimo la belleza de un lugar así sólo puede entenderse con el lenguaje del alma, abierta a dejarse llevar por el viaje sugerido en sus imágenes. Nadie que haya entrado en el Patio de la Infanta podrá olvidar nunca la primera emoción que le hubo causado su visión. La belleza de este lugar es la vía de expresión de mensajes ocultos que respiran en las piedras y el alabastro conmoviendo los cimientos de nuestra comprensión mental.
El Patio de la Infanta se brinda al espectador como un universo de trascendencia temporal, como un umbral que permite a quien lo atraviesa acceder a dimensiones superiores de conocimiento.
–El documental se proyecta en el Festival de Cortos de Soria. ¿Qué supone presentar una historia vinculada al patrimonio y la memoria en un festival dedicado al cine en formato corto?
La ciudad de Soria representa en sí misma el amor al patrimonio y en la preservación de la memoria emocional de su historia se convierte en el contexto idóneo para penetrar y comprender las claves que subyacen en esta película, donde la belleza es hilo conductor de la historias que se cuentan y del propio viaje iniciático de la protagonista hasta el encuentro consigo misma.
HISTORIA
PATIO DE LA INFANTA
Amor y Astrología, Arte y Esoterismo, Política e Historia, hacen del Patio de la Infanta un universo fascinante pleno de símbolos y claves de múltiples interpretaciones.
El Patio de la Infanta, joya arquitectónica única en su género, fue la parte central y lo único que queda hoy de la Casa Zaporta, el palacio que el comerciante judeoconverso Gabriel Zaporta mandó construir en Zaragoza en la primera mitad del siglo XVI como regalo de bodas para su segunda esposa, Sabina de Santángel, una mansión al uso de los grandes señores de su época, considerada reflejo del esplendor renacentista de la ciudad de Zaragoza, cabeza de la Corona de Aragón. La casa tenía un total de 1.700 metros cuadrados y se organizaba alrededor de un patio central sostenido por ocho columnas antropomorfas representando los planetas conocidos y el horóscopo del día de su boda: el 3 de junio de 1549.
Gabriel Zaporta fue Tesorero del rey Carlos I, que le concedió titulo de nobleza, y el primer banquero de la Corona de Aragón, cuyas gestiones las realizaba desde su mansión y en este Patio. Sabina de Santángel y Torrijos fue una mujer culta, inspiradora del ambiente cultural y humanista que concentró a su alrededor en la mansión.
La única heredera de la fortuna familiar y de la mansión, fue Jerónima Zaporta y Arbizu, nieta de Gabriel Zaporta por su primer matrimonio. Ella habitó en la Casa Zaporta con su madre y su padrastro, Lupercio Leonardo de Argensola, Cronista Mayor del Reino, quien escribiría entre sus paredes sus crónicas históricas y la mayor parte de su producción poética. Ya viuda Jerónima Zaporta vendió la propiedad de la casa a su hermanastro Gabriel Leonardo y Albión en 1636, quien la dejó en herencia a su hijo Miguel Leonardo y Barriosiendo, que nuevamente la vendería.
Miguel Franco figura como dueño en 1780, y alquiló una parte de la casa al rico mecenas Martín de Goicoechea para instalar en 1784 bajo su patrocinio la Escuela de Dibujo fundada por la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, y que el rey Carlos IV convertirá en 1792 en la Real Academia de Bellas Artes de San Luis. La planta superior pasa a ocuparla como inquilino el zaragozano más ilustre de su tiempo, Ramón Pignatelli y Moncayo, canónigo de la Iglesia metropolitana de Zaragoza. A la muerte de éste, en julio de 1793, vino a ocuparla Teresa de Vallabriga y Rozas, viuda del Infante Luis de Borbón, hermano del rey Carlos III. Llamada “La Infanta” por el pueblo zaragozano, desde ese momento la Casa Zaporta fue conocida para siempre como la Casa de la Infanta, y así ha llegado su memoria hasta hoy en el Patio de la Infanta.
La Infanta viuda Teresa de Vallabriga reunió a su alrededor a intelectuales e ilustrados, entre ellos el propio Francisco de Goya, quien le realizó los retratos más hermosos y célebres a ella y su familia. En 1808 por motivo de la guerra de la Independencia,
Tras la muerte de la Infanta en 1820, el inmueble, propiedad de la familia Franco y López, fue destinado a los más variados usos alquilado por partes a lo largo del siglo XIX: Taller de Fundición, Almacén de carbones, Escuela de Música, Escuela de Bellas Artes, Centro del Círculo de Obreros Católicos, Taller y fábrica de pianos, imprenta, Taller de Ebanistería, taller de carros y de hierro en su planta baja, y sede del Liceo Artístico y Literario en su planta noble, del Colegio de Humanidades de Mariano Ponzano y de la academia Jurídico-Práctica Aragonesa. El tiempo jugaría en su desfavor y ya en 1860 hay testimonio gráfico del estado de decadencia del edificio. En 1885 se declaró en Zaragoza una epidemia de cólera, instalándose en la Casa de la Infanta un centro de asistencia social con atención permanente a la ciudadanía.
El 11 de septiembre de 1894 la Casa de la Infanta sufrió un importante incendio que rubricaría su ocaso. El edificio amenazaba ruina y hubo que apuntalarlo. La familia propietaria los Segovia y Franco, decidieron demolerlo. El 4 de febrero de 1903 se inició el derribo de la Casa. Sólo pudo salvarse el PATIO, que se guardó troceado y luego fue vendido al anticuario francés Ferdinand Schutz, de origen judío y gran amante de la cultura española, quien lo montará de nuevo en su casa de París, para servir de escaparate a su tienda de antigüedades en la Rue Voltarie, 25. Durante 50 años, el Patio de la Infanta fue sede de encuentro de múltiples eventos de promoción de la cultura española y testigo en la distancia de la historia de nuestro país. Después de la muerte del anticuario, sus herederos no quieren seguir con el negocio y ponen de nuevo a la venta el Patio de la Infanta. La noticia saltó a la prensa, y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja optó a su compra, en el deseo de restaurar el recuerdo de Gabriel Zaporta y la memoria del esplendor de aquella Zaragoza renacentista cabeza y capital de la Corona de Aragón. Pujaron otros ilustres interesados en adquirir el Patio, como Eva Perón que quiso llevarlo a Buenos Aires para destinarlo a Museo, o Hitler que a través de su mariscal Göering o de Francisco Franco, consideró la adquisición del Patio o su expropiación al anticuario de origen judío. El Patio de la Infanta podía haber acabado en Estados Unidos, en Alemania o en Argentina, pero fue recuperado por Ibercaja. El precio fue la suma de 3 millones de francos franceses de la época. Regresó a Zaragoza en 1958 para ser instalado en la que sería la nueva sede central de IberCaja, inaugurada en 1980, en la Calle San Ignacio de Loyola (Plaza de Paraíso), donde hoy se puede contemplar.
